lunes, 22 de enero de 2018

EL OCASO DE LOS "ISMOS"

Debes enfrentar el pasado cara a cara...
No para ver lo que quieres ver
sino para ver lo que debes ver.
Haruki Murakami

La vida solo puede ser entendida hacia atrás;
pero tiene que ser vivida hacia adelante.
Søren Kierkegaard

El pasado es donde aprendiste la lección.
El futuro es donde tendrás que aplicar lo que aprendiste.
Lo que nos define no son los errores que cometemos
sino la forma en que los corregimos.
R.Wolchin

Uno de los mayores errores es arruinar el presente
aferrándose a un pasado que ya no tiene futuro.
Anónimo

La "convergencia" ideológica

Quien quiera comprender la política actual tiene que comenzar resignándose a tirar por la borda prácticamente la totalidad de lo relacionado con los diferentes "ismos" heredados del Siglo XX.

Más allá de sus atractivos emocionales, todos estos "ismos" ideológicos han ido quedando obsoletos desde que Zbigniew Brzezinski y Samuel Huntington desarrollaron, hacia 1962, su "teoría de la convergencia" en virtud de la cual el capitalismo y el comunismo "convergerían" para formar una nueva configuración ideológica.  Dos años más tarde, en 1964, Brzezinski vaticinó que, antes de finalizar el siglo XX, se produciría el colapso en la URSS. Veinticuatro años después, en 1988, confirmó su vaticinio anunciando el “próximo fallecimiento histórico del sistema comunista” y la posibilidad de un golpe de Estado en la URSS. Todo lo cual ocurrió al poco tiempo tal como fue anunciado. [1]

Al que observe con algo de detenimiento a la Rusia y a la China actuales no le puede quedar duda alguna acerca de la "convergencia" anunciada por Brzezinski. Y quien, además, recuerde los documentos y los ensayos publicados por la Trilateral Commission de la cual Brzezinski fue director fundador con el patrocinio de David Rockefeller, tendrá que admitir a fortiori que esta convergencia fue estratégicamente planificada y pulcramente ejecutada a lo largo de poco más de un cuarto de siglo.

Mikhail Gorbachev y David Rockefeller. Recepción de los
representantes de la Comisión Trilateral durante su visita a Rusia.

No deja de ser cierto que esta "convergencia" no resultó tan difícil de conseguir como creyeron y siguen creyendo los pueblos y los intelectuales que todavía hablan de "capitalismo" y de "comunismo". Es que nunca existió tanta diferencia entre ambos como lo quiso presentar un dogmatismo funcional a la Guerra Fría. Quienes durante muchos años insistimos en que ambos "ismos" no eran más que dos caras de una misma moneda acuñada por los alquimistas de la Revolución Francesa, fuimos acusados de conspiranoicos, fabuladores, propagadores de teorías absurdas y eternos fascistas recalcitrantes e irrecuperables.

Quizás es cierto que a veces – llevados por la pasión de la juventud y la abundancia de datos desordenados y hasta contradictorios – algunos exageraron la nota, pero lo cierto es que hasta el día de hoy no existe una explicación clara, concisa y creíble de cómo fue posible el colapso de la URSS; cómo fue que, de pronto, todo el Partido Comunista chino se volcó hacia un "social-capitalismo " y como es que un ex-agente del servicio exterior de la KGB como Putin gobierna hoy una Rusia que en algunos aspectos económicos es capitalista, en ciertos aspectos sociales sigue siendo socialista y en otros aspectos político-culturales ha vuelto a ser nacionalista, cristiano-ortodoxo e imperial.

Ya sería hora de admitirlo: nunca hubo demasiada diferencia entre tirios y troyanos. Hubo, eso sí, varias competencias para ver quién ocupaba más espacio sobre la superficie del planeta, algunas de ellas bastante sangrientas pero así y todo muy redituables para las industrias de lo que Eisenhower denominó como el "Complejo Industrial Militar". [2] Hasta que al fin, las cosas cambiaron, se llegó al límite tolerable y alguien por ahí dijo algo parecido a "¡Basta! ¡Muchachos, tendrán que dejar de pelearse porque esto, así, ya no le conviene a nadie!" Y se desplomó la URSS, la China comunista se convenció de que con una inyección de capitalismo podía crecer a tasas chinas y en América Latina se acabaron los golpes militares tolerados y hasta impulsados por el Departamento de Estado en nombre del "anticomunismo".

El mundo teóricamente bipolar de la Guerra Fría desapareció sin pena ni gloria en cosa de apenas una década. Algunos, optimistas, quisieron creer, o hacernos creer, que el Nuevo Orden actual es multipolar. No lo es. La idea del Nuevo Orden Mundial siempre fue que el producto de la "convergencia" tendría que ser unipolar, subordinado a un Poder Real ubicado por fuera y por encima de las estructuras políticas.

La cuestión fue que lograrlo no resultó ser tan fácil como al principio se creyó.

Por la época en que Brzezinski elaboraba su teoría de la convergencia y David Rockefeller impulsaba la Comisión Trilateral, la idea de la trilateralidad incluía esencialmente a los EE.UU. a Alemania y al Japón. Hoy, en un análisis superficial que es justamente lo que alimenta el mito de la multipolaridad, habría que hablar de una cuadriga formada por los EE.UU. , la Unión Europea, China y Rusia. Refinando tan solo un poco ese análisis obtendríamos otra vez a una tríada; la de los EE.UU., China y Rusia.  Y en esta troika cada uno de los participantes tiene, de hecho, una idea sustancialmente diferente acerca de cómo encarar los desafíos del Siglo XXI.

No es tan fácil lograr y mantener la hegemonía en un mundo globalizado en donde la tecnología impulsada por la codicia salta por sobre las fronteras y donde la comunicación y la información sobrevuela las naciones, empaquetada en una "nube" informática al alcance de, no ya cualquier PC sino incluso de cualquier teléfono celular. Un mundo en el cual el dominio del espacio donde están los satélites que recolectan, manejan y distribuyen esa información – y la entregan incluso a los misiles y a los drones encargados de las operaciones militares – poco a poco se está volviendo tanto o más importante que el establecimiento de las tradicionales bases militares fijas.

Mirar para adelante

Éste es el tipo de cosas que conviene tener presente cuando se habla de la política del Siglo XXI. Tratar de avanzar repitiendo los viejos dogmas ideológicos del Siglo XX – sean éstos cuales fueren – es una tarea condenada al fracaso. Todos los "ismos" del Siglo XX se han vuelto obsoletos porque el mundo para el cual fueron creados ya no existe más y nunca volverá a existir.

Una fábrica que en el Siglo XX funcionaba con 10.000 empleados hoy no solo funciona con 3.000 sino que produce casi el doble de lo que producía antes. El proletario del que hablaba Marx a mediados del Siglo XIX ya no existe más. Tratar de asimilarlo al empleado actual o, incluso, al operario especializado actual, es un intento fallido de torcer la realidad para no tener que tirar la ideología del clasismo dialéctico materialista a la basura.

La expectativa de vida que en 1970 y en la Argentina era del orden de los 66 años, hoy ya asciende a más de 76. Simultáneamente, mientras en nuestro país teníamos cosa de 24 millones de habitantes en 1970, hoy tenemos cerca de 44 millones. Gracias a la medicina y a otros factores concurrentes, tenemos cada vez más ancianos jubilados y proporcionalmente menos jóvenes en una población que crece –  algo lentamente pero crece – y no estamos haciendo prácticamente nada para ofrecerles trabajo a todos los nuevos habitantes que llegan.

Los teóricos monetaristas están siendo cada vez más obligados a revisar sus criterios. De los metales pasamos a los papeles respaldados por metales, de éstos a papeles respaldados por el prestigio del banco o por la capacidad productiva de un pueblo, luego a papeles respaldados por simples asientos contables y a papeles respaldados por otros papeles, para llegar finalmente a la virtualización completa de la moneda. Experimentos como el bitcoin están todavía en pañales pero en algún momento esos pañales pueden llegar a ser tan innecesarios como innecesarias se volvieron las largas colas frente al cajero en los bancos desde que existe algo tan práctico como el home-banking y la posibilidad de realizar pagos por simples transferencias de una cuenta a otra a través de cualquier PC o aparatejo con acceso a Internet.



En materia de educación, la necesidad de una drástica reorientación ya es absolutamente evidente dados los pésimos resultados obtenidos por docentes que todavía se resisten a abandonar la peregrina idea liberal de la infinita educabilidad del ser humano y están más preocupados por adoctrinar sociopolíticamente a los alumnos que a transmitirles el conocimiento que necesitan para desenvolverse con solvencia en el mundo real. Los fracasos estrepitosos de los actuales sistemas pedagógicos – que incluso en los mejores casos producen ignorantes ilustrados o bien especialistas no menos ignorantes de todo lo que está más allá del estrecho marco de su especialidad – obligarán a revisar los conceptos de igualdad, de cultura y de méritos. En algún momento no muy lejano los actuales "trabajadores de la educación" tendrán que reconocer que su misión es transmitir la mayor cantidad, amplitud y calidad posible de conocimiento. Un conocimiento del cual los docentes actuales mismos carecen casi por completo por lo que en el mejor de los casos lo suplantan, o bien por especializaciones puntuales que amputan todo lo que es verdadera cultura y capacidad de elaboración de criterios propios, o bien por ideologismos utópicos basados sobre fantasías obsoletas de inviabilidad demostrada.

Para dominar los problemas que se nos vienen encima – y los arriba apuntados representan solamente una parte de la punta del iceberg – nos servirán de muy poco las ideas liberales del Siglo XVIII que ganaron la batalla cultural del Siglo XIX y que se impusieron a sangre y fuego durante las dos Guerras Mundiales del Siglo XX. Sin embargo, y lamentablemente, tampoco servirán de mucho los "ismos" que combatieron contra esas ideologías derivadas del materialismo hedonista de los "filósofos" inspiradores de la Revolución Francesa. El mundo ha cambiado demasiado durante los últimos 80 o 90 años y cambiará muchísimo más en los próximos 50.

Discutir sobre si ese cambio será bueno o malo no tiene demasiado sentido más allá de lo interesante que pueda resultar como ejercicio intelectual. Y la discusión no tiene mucha utilidad porque lo esencial es que – sea positivo o negativo – el proceso presentará (ya presenta) problemas y dificultades muy diferentes a los que tuvieron que enfrentar los hombres del Siglo XX. Las ideologías que hoy todavía se discuten no sirven, no porque sean malas o ineficaces en sí mismas (aunque algunas lo son), sino porque las cuestiones que pretenden solucionar no son las mismas para las cuales esas ideologías fueron diseñadas.

No tiene ningún sentido insistir con las mismas viejas propuestas cuando los problemas a resolver ya son otros.

Algunos dicen que mirar para atrás es tener ojos en la nuca y que eso no sirve para nada. Hay una buena dosis de verdad en eso pero, en el fondo, no es tan así. Vivir mirando para atrás es la forma más segura de chocar fatalmente contra la realidad que está adelante, pero mirar el camino recorrido sirve para saber cómo hemos llegado hasta aquí.

Y, si el aquí y ahora no nos satisface, sepamos al menos cuales fueron los errores cometidos que nos condujeron a esta situación. Pero no olvidemos nunca que en el allá y en el mañana es donde se necesitan las soluciones.

Porque para ver nuestros errores y los valores que perdimos hay que mirar para atrás;  pero para construir una realidad mejor no hay más remedio que mirar para adelante.

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NOTAS
1)- Cfr. Zbigniew Brzezinski, El Gran Fracaso: El Nacimiento y la Muerte del Comunismo en el Siglo XX, Lasser Press, México, 1989.
2)- Discurso de Dwight Eisenhower, 17 de Enero 1961. Cf. http://avalon.law.yale.edu/20th_century/eisenhower001.asp y también en https://youtu.be/8y06NSBBRtY






sábado, 6 de enero de 2018

LA ILUSIÓN DEMOCRÁTICA

A medida en que la democracia se perfecciona,
el oficio de presidente representa cada vez más
estrechamente el alma íntima del pueblo.
Algún día grande y glorioso, la gente simple del país
alcanzará por fin el deseo de su corazón y
la Casa Blanca estará adornada
por un completo imbécil.
H.L. Mencken [1]

Una prosapia inventada

El término "democracia" significa – literalmente – gobierno del demos algo que, según la archirrepetida definición de Abraham Lincoln, debe entenderse como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Realmente muy atractivo y simpático.

Solo hay un pequeño problema: no es cierto.

El demos de los griegos – de quienes hemos heredado el término – nunca significó  "el pueblo" en el sentido que le otorgaron los filósofos y los políticos liberales más de 2.000 años después.

De hecho, la δημοκρατία (dēmokratía) [2] griega no tiene prácticamente nada que ver con nuestras democracias actuales. El mito de la ilustre prosapia griega de nuestra democracia no es más que una   licencia poética a la que se recurrió con la intención de endosarle un poco de rancia tradición a un sistema político que, en rigor de verdad, no tiene más de 250 años de vigencia efectiva. Y aun esto solo en algunos pocos países ya que, en la enorme mayoría de los casos, la implantación del régimen democrático es mucho más reciente.

Los personajes que nuestra democracia nos supo conseguir de 1983 a la fecha

El original griego

El personaje que, después de toda una serie de idas y venidas y de no pocos fracasos y cambios de partido para hacerse del poder, implantó la democracia en Grecia fue un señor llamado Clístenes. [3] Después de conseguirlo, hacia el 508AC decidió consolidar su posición reformando la reforma de Solón y, para ello, destruyó lo que había sido hasta ese momento el pilar de la organización social y política de los atenienses: la estirpe.

Hasta la reforma de Clístenes, la sociedad ateniense había estado organizada de acuerdo con lazos de sangre. La unidad política, social y económica de Atenas había sido la familia y los lazos familiares. La medida que Clístenes tomó fue la de suplantar, en lo político, esa organización tradicional por una organización de base territorial. A partir de su reforma, la representatividad política ya no estuvo basada en la pertenencia a un núcleo humano unido por lazos de sangre y una tradición común sino simplemente por el lugar de residencia. Trazó sobre el mapa de Atenas y sus alrededores algo prácticamente equivalente a lo que hoy serían las circunscripciones electorales y organizó todo el resto de las instituciones políticas alrededor de esta nueva forma de representatividad.

El corazón de toda esta complicada arquitectura política fue el demos. La palabra se traduce generalmente por "pueblo" pero, en realidad, significa simplemente “la población” y, por extensión, designa también el lugar en donde esas personas viven, es decir: el poblado, el barrio, el cantón, la comuna, el municipio.

Con nuestro léxico actual a la democracia griega original,  más que como "democracia" hoy la designaríamos como una especie de "barriocracia " o "distritocracia". El demos griego es más un municipio que un pueblo. Lo más similar que encontraríamos hoy por el mundo es el sistema cantonal suizo. Que de hecho, no es el gobierno de un pueblo sino el de tres que se han acostumbrado a convivir. Uno al lado del otro y sin entremezclarse demasiado.

La copia demoliberal

El modelo de la "dēmokratía" griega sufrió grandes modificaciones cuando, cosa de 2.300 años después,  tuvo que ser adaptado a las necesidades de las filosofías liberales y a las sociedades de masas. En este proceso, la democracia directa de los barrios, municipios o circunscripciones electorales griegas originales fue suplantada por democracias representativas cuya esencia consiste en que los ciudadanos con derecho a voto, deciden – libre y secretamente – quiénes serán los que ejercerán el poder en nombre de la comunidad. Un poder siempre limitado y regulado por un instrumento jurídico llamado Constitución, que puede ser un documento escrito, como sucede en la gran mayoría de los casos, o una convención basada en la costumbre y la tradición como es, por ejemplo, el caso de Inglaterra o Israel. Pero incluso más allá de sea cual fuere el mecanismo de la limitación al ejercicio del poder político, esta especie de "aristocracia electa" surgida de los comicios es – al menos en teoría – tan solo la depositaria temporal de un mandato otorgado por el pueblo que sería el verdadero poseedor de la soberanía.

Cuando se analiza este régimen político en profundidad no se tarda mucho en descubrir varias cuestiones básicas y elementales que plantean preguntas para las cuales no existe una explicación satisfactoria.  Quizás la primera de ellas sería: ¿realmente posee el pueblo – como tal, como conjunto estadístico masivo – la capacidad de ver y de comprender en su totalidad el funcionamiento de esa maquinaria increíblemente compleja e intrincada que la globalización ha construido a lo largo y a lo ancho de todo el planeta?

La pregunta se convierte en retórica apenas unos segundos después de planteada porque la respuesta más que obvia es: no. La mayoría electoral – sea ésta absoluta o relativa – no tiene ninguna posibilidad de comprender, la esencia de los múltiples problemas sociales y económicos con  sus previsibles consecuencias a mediano y largo plazo. Y, si no tiene posibilidades de entender realmente la raíz, la estructura y las consecuencias del problema ¿cómo demonios va a hacer este pobre pueblo soberano para decidir y elegir la mejor propuesta de solución que le presentarán quienes dicen que sí lo entienden? Sobre todo cuando, por añadidura, ni siquiera uno puede estar seguro de que los que se presentan como expertos en el tema realmente lo entienden. O, peor todavía, cuando los expertos que deberían resolver el problema en rigor de verdad no tienen ninguna intención de resolverlo porque el problema, por más daño que cause al querido y estimado pueblo soberano, es un negocio fenomenal para unos muy pocos muy interesados en dejar las cosas tal como están.

Así, en no pocos casos, el revelar el verdadero entramado y las causas reales de los problemas que afectan a la Aldea Global puede llegar a ser muy "políticamente incorrecto" y, por ende, no exento de riesgos para quien se atreva a hacerlo. En consecuencia, lo que el pueblo soberano acepta o rechaza con su voto no es algo referido a lo que podríamos llamar la "realidad real". El voto democrático decide entre opciones que no son más que un "relato", o sea: una construcción artificial pergeñada por las instancias que realmente ejercen el poder político, más allá de las instituciones oficiales, las máscaras legales y las promesas descaradamente demagógicas de los candidatos de las cuales todo el mundo con dos dedos de frente sabe que nadie las va a cumplir.

De modo que la cuestión de fondo es establecer los mecanismos mentales que impulsan y gobiernan la decisión del electorado con lo cual hemos arribado al tema de la psicología de las multitudes [4] que es una de las cuestiones más delicadas de las democracias de masas actuales.

La irracionalidad "popular"

La decisión de "pertenecer" a algún partido político, o "ser" de alguna ideología o tendencia – izquierda, derecha, liberalismo, marxismo, trotskismo, nacionalismo, tradicionalismo  más toda la pléyade de "ismos" y modas que existen en un largo etcétera – es algo que ocurre más en la esfera emocional-temperamental que en la esfera racional de las personas.  Esto sucede porque, ya sea por la adhesión o por el rechazo, la preferencia emocional se impone precisamente porque no requiere del complejo, largo y bastante tedioso proceso del análisis racional.

No es difícil detectar estos momentos de irracional emocionalidad en las votaciones masivas cuando éstas de pronto se apartan de lo esperado por los diseñadores de campañas. En los últimos tiempos, hemos sido testigos de varios procesos que no salieron en absoluto como racionalmente se esperaba. Uno de ellos sucedió el 23 de Junio de 2016 cuando, contra las expectativas más difundidas, el 51,8% de los ingleses votó por abandonar la Unión Europea. [5] La otra gran "sorpresa irracional" fue la elección norteamericana de noviembre del mismo año que, contra todos los pronósticos y todas las encuestas [6], le dio la presidencia a Donald Trump por sobre Hillary Clinton. Y estos dos ejemplos por cierto que no agotan el tema.

Lo cómico es que la mayoría de los sesudos intelectuales de la democracia interpreta estos casos de rebeliones emocionales como una falla de la democracia. Cuando se produce alguna de estas situaciones es bastante frecuente que los grandes analistas oficiales de repente recuerden y repitan hasta el hartazgo que también Hitler accedió al poder por la vía del voto democrático del pueblo alemán. Para los demócratas, el problema con esto es que así el famoso apotegma de "vox populi, vox Dei" pierde buena parte de su poder de convicción pues obliga a admitir – bien que a regañadientes – que, a pesar de todo, el pueblo, lamentablemente, a veces se equivoca; que el ciudadano puede votar mal por ignorancia y que siendo ignorante no es apto para el ejercicio de la "verdadera" democracia para la cual, como quería el inefable Domingo Faustino Sarmiento, primero habría que "educar al soberano".

El otro recurso al cual también suelen recurrir los analistas oficiales es el apelar a la comunicación. Según esta teoría, cuando prima la irracionalidad emotiva frente a la (al menos supuesta) racionalidad de una determinada propuesta, lo que sucedió no fue una equivocación del pueblo soberano sino un error de comunicación de parte de quienes presentaron la propuesta. De acuerdo con esta línea argumental no es que el estimado pueblo soberano no pudo entender la cuestión por su complejidad y por la multiplicidad de sus factores. No. Lo que sucedió fue que la propuesta estuvo "mal comunicada" y se prestó a un sinnúmero de confusiones y dudas. Con ello queda un poco a salvo lo del "vox populi, vox Dei" pero, en contrapartida, surge la pregunta de cómo explicarle el impacto de una deuda colocada a interés compuesto en dólares a alguien que en materia de aritmética apenas si domina las cuatro operaciones fundamentales y no tiene ni la más mínima noción acerca de cómo se establece internacionalmente el valor del dólar.  Es como si a alguien  le dieran diez minutos para explicarme – a mí, que soy una nulidad total en materia de química – la estructura molecular y la temperatura de transición vítrea de los polímeros.

Sea como fuere, el mensaje concreto es que en algunos casos no habría motivos para respetar demasiado el veredicto de las urnas. Lo cual, por supuesto, abre las puertas para que, de hecho, la democracia se convierta en la dictadura de los demócratas.

La dictadura democrática

La cuestión es que, si esto es así, no solamente tendremos que mandar de paseo el dogma de la infalibilidad del pueblo soberano sino también la teoría repetida ad nauseam que postula a la democracia como el mejor de todos los regímenes políticos inventados por el ser humano. Porque lo que en realidad ha sucedido en la cuna misma de la democracia liberal es exactamente lo que, ya hacia la primera mitad del Siglo XX, H.L. Mencken pronosticó mediante la cita que encabeza esta nota.

Si el resultado final de la democracia es una figura como George W. Bush, Barack Obama o Donald Trumpo – siendo este último una figura que ya los medios masivos del propio régimen ridiculizan, denuestan y caricaturizan (muy probablemente incluso más allá de lo que el tipo en verdad se merece) – entonces no hay forma de negar que hasta en la primera democracia del mundo la masa amorfa de votantes no es capaz de hacer una selección crítica entre las diferentes ofertas electorales y, desconfiando de lo que racionalmente no puede entender, termina votando por caprichosos impulsos emocionales y no por una serena y profunda reflexión racional que, de todos modos, es incapaz de realizar y que, aun si fuese capaz, no podría concretar porque el aparato de difusión masiva no solo le retacea información esencial sino que lo desinforma con cataratas de chismografía irrelevante.

Y no es que un análisis racional de los datos concretos y veraces hubiese llevado al electorado norteamericano a votar por Hillary Clinton en lugar de Donald Trump. En absoluto. Siendo que el voto no es obligatorio en los EE.UU. un análisis racional de la realidad objetiva hubiera hecho que los votantes se quedaran tranquilamente en su casa, sabiendo que ambas opciones eran igualmente nefastas, tanto para Norteamérica como para el mundo entero. O, quizás, más drásticamente todavía, ese análisis racional hubiera evitado que sujetos como la Clinton o Trump llegaran a ser candidatos en absoluto.

Y con esto se cierra el círculo de la ridiculez. Porque si el establishment mismo considera que Donald Trump es un payaso pero, simultáneamente, acusa de conspiranoicos o profetas del odio a todos los que se atreven a señalar que un sujeto así no puede ser el verdadero presidente de los EE.UU. y, puesto que a pesar de ello la política norteamericana a nivel mundial e interno no ha cambiado para nada en lo esencial desde que el denostado "payaso" es presidente, forzoso es reconocer que, detrás del "payaso" tiene que existir un Poder Real que hace funcionar al país tanto en lo interno como en lo internacional, sin importar quién es el payaso (o la payasa) que ocupa el Salón Oval de la Casa Blanca.

Nadie con un mínimo básico de experiencia política puede creer que un perfecto inútil como George W. Bush gobernó realmente a los EE.UU. así como hoy nadie puede tomar en serio a un Donald Trump que se pelea con Kim Jong-un para ver quién tiene el botón nuclear más grande. En su oportunidad, nadie con un mínimo de conocimiento de política internacional pudo creer que la decisión de invadir Iraq, con el pretexto de las (inexistentes) armas de destrucción masiva de Sadam Husein, fue una decisión personal de Bush. Como que también es más que evidente que la persistente e insistente campaña mundial orquestada para demonizar a Irán no es la consecuencia de la voluntad popular de pueblos cuya enorme mayoría no sabría ubicar a Teherán en el mapa.

El democrático cowboy matón y el autoritario patotero coreano
discuten sobre quién tiene el botón nuclear más grande.
De modo que, por un lado tenemos al pueblo que, como conjunto teóricamente soberano, no está en condiciones de tomar decisiones relacionadas con las enormemente complejas cuestiones sociales, políticas y económicas que plantea la realidad. O sea: por un lado hay una masa de electores que elige a sus representantes esencialmente por caprichosas filias o fobias, con lo que terminan detentando el poder formal monigotes, payasos o meros demagogos.  Por el otro lado, sin embargo, los países supuestamente gobernados por estos payasos de algún modo siguen su rumbo – a lo sumo con algunos altibajos fácilmente controlables. El resultado es que, en el mediano/largo plazo, muy pocas cosas se apartan de la estrategia globalizadora del Nuevo Orden Mundial, a pesar de la inocultable ineficacia o corrupción de los gobernantes y la no menos inocultable ignorancia de las masas que viven con la nariz pegada al televisor.

Para entender la situación real resulta forzoso admitir tres cosas:

1)- Las masas electorales ni tienen suficiente información para tomar decisiones racionalmente bien fundadas, ni tienen tampoco – estadísticamente hablando y como conjunto – la capacidad para analizar y comprender los complicados problemas que aquejan al mundo y a las naciones de una estructura globalizada. En consecuencia, elijen a sus representantes por filias o fobias irracionales –  ya sean personales o ideológicas  –  que no garantizan en absoluto ni la idoneidad ni mucho menos la honorabilidad de los representantes electos.

2)- A su vez, los políticos que teóricamente deberían regir nuestros destinos no los rigen en absoluto por la sencillísima razón de que no tienen suficiente poder para ello y, aun si lo tuvieran, serían demasiado ineptos como para ejercerlo.

3)- Si a pesar de ello la estrategia del Nuevo Orden mundial globalizado se va cumpliendo de un modo o de otro en todo el planeta, es obvio que detrás de las bambalinas del poder formal existe un Poder que se encarga de llevar adelante una planificación estratégica decidida por fuera del circuito institucional de los partidos políticos,  sus candidatos y las campañas electorales.

Admitámoslo: la democracia no es lo que parece. 

Es lo que no parece ser.

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NOTAS
1)- H.L. Mencken, On Politics: A Carnival of Buncombe
2)- Cf. Diccionario de la Real Academia Española:
3)- Cf. Denes Martos, Los Atenienses, pág. 78
4)- Cf. Gustave Le Bon, Psicología de las Masas, La Nueva Editorial Virtual, 2014
5)- Votos a favor del "Brexit": 17.410.742 - Votos a favor de permanecer: 16.577.342 -  Total de votos: 33.577.342 -  Participación: 72% Cf. http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36484790
6)- Y tengo que ponerme el sayo porque me cabe ya que yo mismo me equivoqué en el pronóstico. Durante muchos años venía acertando quién sería el ganador de las elecciones norteamericanas averiguando simplemente quién había puesto más plata en la campaña. En el caso de Trump/Hillary me falló. La Clinton puso muchísima más dinero en la campaña y gozó de un apoyo muchísimo mayor de parte del establishment norteamericano y, sin embargo, Trump con su estilo de matón yanqui y su pseudonacionalismo de "America First" ([Norte]América Primero) se ganó más simpatías que la políticamente correcta y aséptica Hillary Clinton.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

FELIZ NAVIDAD Y UN BUEN AÑO NUEVO

A todos mis amigos y lectores, les deseo una feliz Navidad y un muy próspero nuevo año.

¡Gracias a todos por leerme y acompañarme!



domingo, 10 de diciembre de 2017

PREGUNTAS QUE YA NADIE HACE (I)

La sola idea de que una cosa cruel
pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
Cicerón

Ningún hombre conoce lo malo que es
hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno.
Sólo podrás conocer la fuerza de un viento
tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.
C.S. Lewis

¿Es usted un demonio? Soy un hombre.
Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
Gilbert K. Chesterton


El mal existe, pero no sin el bien,
como la sombra existe, pero no sin la luz.
Alfred de Musset


Hace ya un tiempo atrás, mi amigo en Facebook, Nito Sosa (https://www.facebook.com/nito.sosa.56), publicó la siguiente nota:
"ALGUNAS PREGUNTAS QUE EL HOMBRE MODERNO YA NO SE HACE Y QUE SON NECESARIAS PARA SABER SI EVOLUCIONAMOS O INVOLUCIONAMOS.
¿Hemos perdido la noción del bien y del mal?
¿Qué es lo que está bien y que es lo que está mal? ¿Cuál es el parámetro para medir lo bueno y separar lo malo? ¿Por qué el hombre hace más fácilmente lo malo que lo bueno? ¿Por qué el mundo se hace invivible con el mal? ¿Quién determina lo que está bien y lo que está mal? ¿Existe el bien absoluto? ¿Existe el mal absoluto? ¿La palabra define al bien y al mal? ¿El bien es relativo? ¿El mal es relativo? [¿QUÉ ES LA VERDAD?] ¿La verdad está vinculada al bien? ¿La mentira está vinculada con lo malo? ¿La verdad puede hacer el mal? ¿La mentira puede hacer el bien? ¿La verdad nos hace libre y la mentira nos esclaviza? ¿Existe la libertad en forma absoluta? ¿La libertad es buena? ¿La libertad es mala? o... ¿La libertad puede ser buena y mala a la vez? ¿El pueblo define a la verdad? ¿La mayoría popular define a la verdad? ¿La minoría popular define a la verdad? ¿El pueblo tiene la verdad? ¿Existe la moral? ¿Existe la ética? ¿Nos hemos olvidado de ambas o fueron borradas de la cultura del pueblo? ¿Qué son las virtudes? ¿Se habla hoy de las virtudes? ¿Existe el bien común? ¿Existe un pensamiento común? ¿Existe un hombre sobrenatural o simplemente somos parte de una escala biológica? ¿Pensamos como seres inteligentes o somos parte de un hombre masificado?
"
Después de leer todas estas preguntas se me ocurrió que constituían casi el índice de un ensayo sobre el cual bien valdría la pena trabajar. Le pregunté entonces si podía utilizar sus preguntas como guía para tratar de hallar algunas respuestas o, por lo menos, algunas aproximaciones a una respuesta. Nito es generoso: me respondió que sí.

El resultado parcial es esta primera parte del ensayo. Espero poder completarlo en entregas subsiguientes hasta agotar las preguntas planteadas.

Y también espero con toda sinceridad que Nico no se arrepienta de haberme permitido usar su nota como índice .... 😇
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1)- El Bien y el Mal

¿Hemos perdido la noción del bien y del mal?


Probablemente no hemos perdido la "noción" como tal, es decir: como concepto. En términos generales y salvo grupos marginales completamente enfermizos y hasta humanamente degradados, seguimos siendo conscientes de que hay cosas aceptables porque "están bien" y cosas inaceptables porque "están mal". 

Lo que hemos tergiversado son los valores asociados a varias actitudes y comportamientos; valores que a su vez correlacionan con las virtudes esenciales tradicionalmente inherentes a nuestra civilización y cultura. Esa tergiversación hace que acciones morales que antes se rechazaban y se consideraban disvaliosas, hoy se aceptan, ya sea por un relativismo que se niega a emitir juicios de valor estrictos, ya sea mediante un permisivismo que declara de antemano la neutralidad y hasta la indiferencia ético-moral, ya sea a causa de una deliberada inversión de valores por la cual se propone considerar como un Bien lo que tradicionalmente la cultura de Occidente siempre concibió como un Mal y viceversa."

San Jorge y el dragón

¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal?

Como es sabido, se han ensayado múltiples respuestas a esa pregunta. Sin embargo, si uno analiza el conjunto de estas respuestas, no es difícil aislar al menos cuatro criterios básicos principales: el criterio utilitarista, el teológico, el filosófico-metafísico y un último que quizás podríamos llamar ecléctico, en el sentido original del término. [1] 

Utilitarismo

Un enfoque posible es el del utilitarismo según el cual el Bien es lo útil, lo que "hace bien" o "conviene" y el Mal es lo que "no conviene" o "hace daño".  Por ejemplo, Fernando Savater propone una definición completamente utilitarista, muy en línea con los filósofos ingleses del S. XIX:
"... entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos convienen ciertos alimentos, ni nos convienen ciertos comportamientos, ni ciertas actitudes (...) De modo que ciertas cosas nos convienen y a los que nos conviene solemos llamarlo "bueno" porque nos sienta bien; otras en cambio nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos «malo».  [2]
Si esto fuese totalmente cierto podríamos afirmar simplemente que "bueno es lo que me sirve y malo es lo que no me sirve" o, dicho en otras palabras, "lo útil es bueno, lo inútil es malo". Todo el arte, toda la filosofía, toda la ciencia, todo el saber humano, en suma, quedaría así englobado por un criterio de utilidad, o de mera conveniencia, o hasta de simples "gustos" – algo, dicho sea de paso, bastante común en las morales básicamente ateas.

Sería simple si fuese posible. Desgraciadamente, no es tan sencillo. Áreas enormes del saber han sido, afortunadamente, desarrolladas mucho antes de que supiésemos realmente si nos convenían o no nos convenían.  Y muchas otras resultaron parcialmente convenientes pero también parcialmente inconvenientes en proporciones diversas. Si los esposos Curie se hubiesen planteado la ética desde la óptica del señor Savater, probablemente ni hubieran empezado sus trabajos sobre la radiactividad y hoy quizás no sabríamos aprovechar la energía nuclear. Si la conveniencia, o la utilidad, es lo que diferencia al Bien del Mal, ¿dónde ponemos todas las cosas de las que, en realidad, no tenemos ni idea si son - o no - "convenientes"; si serán - o no - "útiles" algún día? Y si solo es bueno lo que "nos gusta" ¿dónde ponemos todas aquellas cosas que no nos gustan para nada pero que tenemos que hacer igual porque el dejar de hacerlas genera consecuencias mucho peores que el hacerlas?

Ni hablemos del hecho que, en términos de conveniencia utilitarista, algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, como en el caso mencionado de la energía nuclear. Además, lo "malo" para el individuo puede ser "bueno" para la comunidad en la que vive. Es la diferencia que señala Max Weber cuando habla de la "ética de las convicciones" y la "ética de la responsabilidad". [3] El "bien" de la primera no siempre coincide con el "bien" de la segunda. Una persona que siempre responde a una agresión con una trompada puede eventualmente ser acusada de agresiva e intolerante. Esa misma persona siendo un Ministro de Defensa, si no responde a la agresión de una potencia extranjera podría ser procesada por incumplir sus deberes de funcionario público.

Teología

Otro enfoque viable es el teológico. Aquí el problema reside en que nos resulta imposible imaginarnos a un Dios único todopoderoso pero malo. Las religiones monoteístas están casi lógicamente forzadas [4] a concebir a Dios como un Ser bueno puesto que la alternativa inversa conduciría inevitablemente a una doctrina de desesperación. Si Dios fuese malo, estaríamos condenados; no tendríamos salvación posible e incluso nos resultaría imposible explicar por qué, siendo todopoderoso, ese Dios Malo permite determinadas manifestaciones del Bien que resultan imposibles de negar, al menos en algunos casos. Sucede, sin embargo, que las teologías que sostienen la existencia de un Dios Bueno, todopoderoso y omnisciente, enfrentan el mismo problema pero a la inversa. ¿Por qué Dios permite el Mal cuyas manifestaciones son imposibles de negar, también en al menos algunos casos?

Quizás el planteo más fuerte de esta cuestión esté reflejado en la llamada "Paradoja de Epicuro" [5] que, en lo sustancial, se puede enunciar así:

"¿Está Dios dispuesto a erradicar el Mal pero no puede?
Entonces no es omnipotente.
¿Puede hacerlo pero no está dispuesto?
Entonces no es bueno.
¿Es capaz y además está dispuesto?
Entonces, ¿de dónde proviene la maldad?
¿No es capaz y tampoco está dispuesto?
Entonces ¿para qué llamarlo Dios?

Esta paradoja, que todavía goza de gran popularidad entre los ateos aun a pesar de los 1.800 y pico de años de haber sido formulada, ha sido rebatida  de varias formas no solo por los teólogos católicos y cristianos en general sino incluso por filósofos paganos griegos y romanos. 

Probablemente la tesis más sólida es la que gira alrededor del pensamiento de tres grandes pensadores de Occidente, grecorromano el primero y cristianos católicos los otros dos:  Plotino (205-270) , San Agustín (354- 430) y Santo Tomás (1224-1225). Por de pronto, ya en la doctrina de Plotino el Mal debe buscarse en el "no-ser", es decir: no está en Dios (el Uno), ya que éste es el Bien Supremo, lo cual excluye al Mal en forma terminante y necesaria [6]. Así, según la doctrina plotiniana el Mal no es sustancial, sino ausencia de ser. El Mal no sería una cosa sino la ausencia de otra cosa que es el Bien.

Algo así como un siglo y medio después de Plotino, esta idea es retomada por San Agustín quien, luego de abandonar su inicial maniqueísmo, [7] desarrolla y amplía el tema incorporándole al menos dos factores esenciales: el del libre albedrío otorgado por Dios al Hombre y el de la Caída, es decir: la desobediencia del Hombre al mandato de su Creador tal como está relatado en la narración de la desobediencia de Adán y Eva y la expulsión del paraíso terrenal.

En el pensamiento de San Agustín, el Mal puede adoptar tres dimensiones.

  • El Mal metafísico. Basándose en la metafísica de Platón, San Agustín argumenta que no existe el Mal cósmico. Si en ocasiones nos parece lo contrario es porque, si aplicamos un criterio egoísta y utilitarista, terminamos juzgando al Bien y al Mal desde la óptica de nuestras propias conveniencias inmediatas. Si algo nos es útil lo damos por bueno; si creemos que no nos conviene, lo damos por malo, siguiendo el criterio utilitarista ya mencionado.
    Lo que sucede es que, como los humanos no somos omniscientes, nuestro conocimiento del Cosmos es inevitablemente limitado. Fenómenos cósmicos que nos parecen "malos" son, en realidad, acontecimientos inmanentes a la Creación que es un Todo armónico y articulado en el cual nada carece de sentido y de razón de ser. Dado nuestro conocimiento limitado, simplemente sucede que no detectamos ese sentido en su totalidad y no entendemos esa razón de ser de un modo completo. Pero eso no quiere decir que Dios, al crear el Cosmos, le haya agregado a su Creación, por puro capricho, un Mal que podría ocasionar su destrucción. 
  • El Mal moral: que es el producto de una "mala voluntad" en el Hombre, es consecuencia del empleo incorrecto de su libre albedrío cuando antepone el hedonismo (vale decir: el mundo sensible y sus placeres ) al ejercicio de las virtudes que le garantizarían la trascendencia.
  • Y, finalmente, el Mal físico (dolor, enfermedades, muerte) que San Agustín entiende como consecuencias de la Caída [8] y del Mal moral. 
Unos ocho siglos después, otro gran teólogo de la Iglesia Católica – Santo Tomás de Aquino – sistematizó los principios de San Agustín y los desarrolló extensamente. Es imposible exponer aquí el pensamiento de Santo Tomás en detalle ya que ello requeriría, sin exagerar, no un libro entero sino muy probablemente más de uno. Solo podemos indicar que, así como San Agustín incorporó a la cultura cristiana católica buena parte del pensamiento de Platón, Santo Tomás hizo lo mismo con Aristóteles habiendo ambos aceptado el razonamiento central de Plotino, al menos como punto de partida.

De este modo se creó un enorme cuerpo filosófico y teológico que alimentó la cultura de Occidente durante muchos siglos. Todos los argumentos de esta extensa y profunda doctrina desembocan, finalmente, en la demostración que el Mal no reside, no puede residir, en Dios y que, por lo tanto, el Mal en el cosmos no puede emanar de su Creador. El Mal, según Santo Tomás, proviene principalmente de la ausencia o negación del Bien. Por lo tanto, no existe un summum malum, equiparable al summum bonum que es Dios.

Y en cuanto a la Paradoja de Epicuro, probablemente uno de los mejores argumentos que se le pueden oponer es el esgrimido por C.S.Lewis quien sencillamente (y no sin una buena dosis de sutil humor) se limita a señalar que a Dios se le pueden pedir muchas cosas, pero no se le pueden exigir disparates. Porque la omnipotencia de Dios:

".... significa poder hacer todo lo que es intrínsecamente posible, no lo que es intrínsecamente imposible. A Dios se le pueden atribuir milagros, pero no disparates; y esto no limita su poder. Si usted elige decir »Dios puede dar libre albedrío a una creatura y negárselo a la vez«, no ha logrado decir nada acerca de Dios. Las combinaciones de palabras sin sentido no adquieren súbitamente sentido por anteponerles las palabras »Dios puede«.  Que con Dios todo es posible continúa siendo verdadero; las imposibilidades intrínsecas no son más que inexistencias. El llevar a efecto dos alternativas que se excluyen mutuamente no es más posible para Dios que para la más débil de sus creaturas; no porque su poder encuentre obstáculos, sino porque el disparate sigue siendo disparate aun cuando nos refiramos a Dios." [9]

Filosofía y Metafísica


Mas allá del territorio de la teología podemos encontrar también concepciones interesantes en algunas filosofías dualistas. En varias de estas filosofías hallamos una observación notable y básicamente innegable: el Cosmos, el Universo, contiene un sinnúmero de polaridades opuestas que se mantienen en un equilibrio relativamente estable. Desde el microsistema del átomo con sus electrones de carga negativa girando alrededor de un núcleo de carga positiva, hasta los macrosistemas astronómicos de planetas que giran alrededor de soles, básicamente según el mismo principio; desde sistemas de reproducción sexuada de la vida con sus gametos masculinos y femeninos, hasta propiedades físicas duales tales como p.ej. frío-calor, estabilidad-inestabilidad, predictibilidad-aleatoriedad, estática-dinámica, etc. etc. los ladrillos mismos del Universo material parecerían venir en combinaciones de elementos opuestos en los que la presencia de un elemento ya nos haría sospechar la existencia de su contracara. De este modo, no es imposible concebir al frío, no ya como la ausencia sino como la contracara del calor, la estática como la alternativa opuesta a la dinámica, la estabilidad como un sentido favorable y la inestabilidad como un sentido opuesto al equilibrio y así sucesivamente.

En Occidente, el dualismo se halla presente en varias filosofías de la antigüedad griega. Se encuentra en la escuela pitagórica, muy probablemente tomada del Zoroastrismo persa, cuna del maniqueísmo teológico. Aparece en Anaxágoras con el nous [10] y el caos; en Leucipo y Demócrito con la noción del vacío y los "átomos" [11]; en Platón con la idea del mundo de las ideas y el mundo de la materia, idea que resurgirá en San Agustín. También aparece en Empédocles de Agrigento con su dualidad entre la amistad y el odio que es precisamente la que toma Aristóteles interpretándola como la bipolaridad del Bien y del Mal y que reaparecerá en la teología de Santo Tomás de Aquino 1600 años más tarde.

Interesante, también, es que el dualismo de las bipolaridades está presente en varios sistemas orientales – como p.ej. el budismo o el taoísmo – que normalmente se consideran religiones pero que en realidad de verdad, al carecer de una verdadera teodicea y de una teología en sentido estricto, más que religiones son filosofías de vida altamente espirituales.

Pero lo más interesante en todo caso, es que el fenómeno de la polaridad es detectable más allá del mundo físico tangible. El fenómeno de la bipolaridad "amigo-enemigo" detectada por Carl Schmitt en el ámbito político [12] después de haber hallado bipolaridades similares también en prácticamente todas las disciplinas humanas, es un reflejo de este fenómeno que está presente no sólo en lo físico sino incluso en el ámbito de lo meta-físico. No solo lo encontramos en cosas que se pueden ver, medir y tocar sino en fenómenos que no tienen una existencia material concreta y mensurable.

Por todas partes, especialmente en las áreas más importantes del saber, hallamos bipolaridades del tipo vida-muerte; verdad-mentira; realidad-irrealidad; cero-infinito; positivo-negativo; armonía-cacofonía; evolución-involución; florecimiento-marchitamiento... la lista es larga y en ella, como ya lo habrá adivinado el lector, es perfectamente posible incluir la bipolaridad del Bien y del Mal.

Por supuesto, no se trataría ya de dos dioses opuestos combatiéndose en forma permanente como lo proponía la teología maniquea. Muchos menos se trataría de la obra de un Dios malo como se lo llegan a imaginar ciertas sectas satánicas moralmente perversas. De lo que se trata es del concepto elaborado por algunas filosofías y expresado en la fórmula oriental del "ying-yang" que, dicho sea de paso significa "oscuro-radiante" o bien, si se quiere, tinieblas-luz.



A fin de manejar estos conceptos en forma adecuada, hay, sin embargo, algunas precisiones que deben ser tenidas en cuenta. Por de pronto, los términos de la dualidad no son excluyentes sino coexistentes siendo que, además, esta coexistencia está dada por una dependencia recíproca. En una cuestión de honor, la honestidad y la deshonra no existen por separado; la honestidad siempre estará amenazada por la deshonestidad que la menoscaba y la deshonra siempre estará mantenida a raya por la honestidad que le pone un freno. Ambos elementos no solamente forman parte de una misma cuestión sino que se hallan en una relación dinámica recíproca. Y la dualidad no desaparece ni siquiera en el supuesto caso de esa persona idealmente honesta que a algunas mentes románticas les gusta imaginar, porque la tentación del deshonor – o mejor dicho: la tentación de las ventajas inmediatas que pueden producir las acciones deshonrosas – siempre estará presente y requerirá una constante actitud de honestidad afirmativa incluso de parte de la persona más honesta del mundo.

Cuando Fouché [13] dijo que "todo hombre tiene su precio" su ironía quizás quiso dar a entender que todos somos esencialmente corruptos; algo que en clave de sarcasmo quizás no se discutiría pero todos sabemos que no es tan así. Además, la cita, puesta de este modo, está incompleta. La frase termina con "... lo que hace falta es saber cuál es" (ese precio). Y con eso nos aproximamos un poco más a la realidad porque algunos por $100 harían cualquier cosa que otros no la harían ni por $10.000.  Pero el que haría "cualquier cosa" por $100 quizás no haría algunas cosas puntuales ni por $1.000.000.  Con lo que resulta que quizás todos seamos corruptibles – en alguna medida y en cuanto a ciertas cuestiones – pero no todos somos absolutamente corruptos en cualquier medida y para cualquier cuestión. Quizás todos estaríamos dispuestos, en principio, a "retocar" un poco nuestras declaraciones juradas para pagar menos impuestos, pero ¿cuántos matarían a sus hijos o a su propia madre por dinero?

Resumiéndolo todo


Como puede apreciarse, el tema no es nada fácil. Posee muchas aristas y sutilezas nada simples ni sencillas de analizar. Uno lo comprende estudiando, por ejemplo, la muy buena obra "Enfrentar el Mal" de János Kékes  que comienza con la afirmación:

"Partiré de la base que el mal es un daño inmerecido infligido a seres humanos. Hay mucho más para decir a fin de precisar esta idea pero la fórmula – el mal como daño inmerecido – servirá como punto de partida."

Y después necesita todo un libro de 355 páginas para ampliar este "punto de partida". [14]

Con todo, hay al menos dos cosas a las que entiendo que valdría la pena prestar un poco de atención. Una es el libre albedrío con el que estamos dotados nosotros, los seres humanos, y que es una de las características – y acaso LA característica – que más nos diferencia de los animales. La otra es la bipolaridad metafísica detectable en todo el Cosmos.

En la metáfora del Jardín de Edén no es ninguna casualidad que el árbol de la "fruta prohibida" sea justa y precisamente el árbol del conocimiento del Bien y del Mal. Ni tampoco es casualidad que la alegoría sitúe ese árbol justo en medio del Jardín de Edén: "... Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal." [Génesis, 2,9]

Con  lo cual tendríamos en realidad dos árboles en el centro del jardín, pero dejemos eso de lado por el momento. La cuestión es que – otra vez, no por casualidad – la prohibición rigió justo y solamente para el árbol de la ciencia del bien y del mal: "Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás... »" [Génesis, 2,16-17]

¿Qué significa esto? Pensémoslo un poco. Tratemos de interpretar la esencia de la metáfora según la cual Dios crea al Hombre a su imagen y semejanza, lo pone en el Jardín de Edén y en el centro de ese jardín pone dos árboles – el de la vida y el de la ciencia del Bien y del Mal – prohibiéndole al Hombre comer de los frutos del segundo árbol.

¿Qué tenemos aquí? Tenemos a un Hombre creado a imagen y semejanza del Creador al que se le prohíbe comer un fruto. Si se le prohíbe, es porque podría comerlo... si quisiera. No tendría sentido prohibirle hacer algo a alguien que no puede hacer lo que se le prohíbe. Sería como si alguien me prohibiese a mí vivir bajo el agua como un pez o volar como un pájaro agitando los brazos. De modo que el Hombre fue creado con libre albedrío, es decir: podía elegir entre obedecer la prohibición divina y desobedecerla. Y todos sabemos en qué terminó la historia: Adán desobedeció. Pudiendo elegir entre la obediencia y la desobediencia, eligió la desobediencia.

Pero, además de tener un Hombre con libre albedrío, tenemos también un árbol de la ciencia del Bien y del Mal que directamente no tendría sentido si el Mal no existiera, del mismo modo en que tampoco tendría sentido la prohibición de comer de su fruto.  De esta forma a uno no le queda más remedio que admitir que el Mal preexistió a la Caída. Y si existió antes de la desobediencia del Hombre, no queda más remedio que asumir que el Mal – o lo que consideramos como "el Mal" – ha sido permitido por Dios en la Creación, sea por las razones que fueren y que solo Él sabe cuáles son. 

No es que hay dos dioses, uno bueno y otro malo como lo imaginaron los antiguos persas y lo retomó el cristianismo maniqueo. Hay un solo Creador y no es un Creador malo. Es un Creador justo. Creó un Cosmos que se mantiene en equilibrio dinámico gracias a sistemas de dualidades coexistentes; creó un Hombre con libre albedrío y, por lo tanto, con la capacidad de elegir entre cualquiera de los dos términos de un sistema dual. Y luego nos prometió que juzgará al Hombre según sus elecciones y su comportamiento. El Hombre del Génesis pudo elegir entre obedecer o desobedecer el mandato divino. Eligió desobedecer y la justicia divina lo sancionó por eso. La Caída no fue más – ni menos – que la consecuencia justa e inevitable de una elección equivocada por parte del primer Hombre.

Dios no es malo, es justo. Nos ha dado el libre albedrío para que podamos elegir. Ha creado sistemas duales o bipolares con lo que nuestra elección puede tener un mérito o un demérito. Y después nos juzgará de acuerdo a, precisamente, nuestros méritos y deméritos; de acuerdo a nuestras fortalezas y debilidades; de acuerdo a nuestras virtudes y nuestros vicios. ¿Puede haber algo más justo que eso?

Combatir el Mal


Con todo lo anterior, la gran pregunta de cómo hay que hacer para luchar contra el Mal tiene varias respuestas. Una de ellas, quizás algo parcial pero directa y práctica, nos dice que para mantener al Mal lo más controlado posible y lo más apartado posible de nosotros, lo mejor que podemos hacer es ejercer, en la mayor medida que podamos, las dieciséis virtudes que he tratado con cierta extensión en trabajos anteriores [15 ] y que forman parte indisoluble de la tradición ética, moral y cultural de Occidente. 

Practicando el honor podemos librarnos del deshonor; ateniéndonos a la verdad nos alejamos de la mentira; siendo leales evitamos la deslealtad y la traición; procediendo con disciplina evitamos el desorden;  manteniendo la perseverancia nos libramos de los males de la inconstancia.

Dedicándonos a la laboriosidad del trabajo nos alejamos de la esterilidad de la haraganería ociosa; afirmando nuestra libertad evitaremos el destino de los esclavos; defendiendo nuestra libertad y nuestras verdades con valentía no caeremos en la ignominia de la cobardía y practicando la solidaridad con verdadera caridad combatiremos no solo el desamparo y la indiferencia sino incluso la enfermedad del materialismo clasista.

Por otro lado, cultivando la sabiduría de la prudencia sabremos distinguir justamente el Bien y el Mal y nos alejaremos de la insensatez.  Ejerciendo la equidad en materia de justicia no incurriremos en la iniquidad de lo injusto. Desarrollando la fortaleza de nuestra valentía nos aseguraremos de reducir al mínimo la posibilidad del fracaso de nuestros propósitos y adoptando la templanza en nuestros deseos y placeres tendremos la suficiente sobriedad como para no caer en el hedonismo y en la compulsiva persecución de lo superfluo.

Finalmente, la fe le dará un sentido elevado a nuestra vida y nos protegerá del descreimiento y de las relativizaciones abusivas. La esperanza nos abrirá las puertas de la trascendencia y nos protegerá de la desesperación. Y la caridad hará que nuestra solidaridad sea sincera con lo que nos alejaremos del egoísmo y la hipocresía.

Aun cuando este enfoque no agota el tema por completo, en muchos sentidos

el Mal no es sino la consecuencia de la violación de una virtud.

Por eso es que una de las mejores y más directas formas de enfrentar el Mal es cultivando nuestras virtudes. Porque de eso depende el predominio del Bien.

No estará en nuestro poder destruir el Mal para siempre. Pero por un lado, con el libre albedrío que nos ha concedido el Creador, podemos no elegirlo.  Y si actuamos con valentía, sabiduría y perseverancia, podremos también evitar el ser gobernados por personas que sí lo han elegido.

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NOTAS


1)- "Ecléctico" viene del griego ἐκλεκτικός (eklektikos), que significa literalmente "elegir el mejor" y de ἐκλεκτός (eklektos), que quiere decir "escogido", "elegido". La idea general es no desechar  escuelas de pensamiento diferentes en favor de una sola sino de elegir lo mejor de cada escuela y tratar de armar con ello un todo coherente. Utilizado con precaución y en su sentido original, es un buen método para rescatar lo que tienen de valioso propuestas que, consideradas en su totalidad, pueden ser disímiles. En su versión desmedida y exagerada, sin embargo, se pierde la condición de coherencia y lo que se obtiene es solamente un conjunto contradictorio de ideas contrapuestas.

2)- Savater, Fernando, "Ética para Amador", pág. 6  (Cf. http://blocs.xtec.cat/enraonar/files/2011/08/Etica-para-Amador.pdf   Consultado 14/10/2017 Los resaltados son del autor.

3)- Weber, Max: "La Política como Profesión" Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpeVkteHAwMkxya2M/edit

4)- Y digo "casi" porque, en realidad, la esencia de Dios no tiene por qué sujetarse a las reglas de nuestra lógica humana.

5)- Epicuro (filósofo griego 341-270 AC). 

6)- Puesto que, en el caso contrario, el Bien no sería Supremo y el Uno sería insosteniblemente contradictorio ya que albergaría en su ser la posibilidad de su propia destrucción.

7)- El maniqueísmo proponía la existencia de dos Dioses contrapuestos y en constante lucha entre sí. Según esta creencia, el Dios del Bien y el Dios del Mal se estarían disputando el control del mundo. San Agustín, aun cuando al principio se sintió atraído por la idea, terminó rechazándola porque: "La lucha entre las tinieblas y Dios no tiene razón de ser; una de dos: o las tinieblas le pueden hacer algún daño a Dios, y en este caso no sería incorruptible, o no le pueden hacer absolutamente nada , y en este caso la lucha es inútil"
[Cardona Sanchez, Carlos Agustinismo en 20 lecciones Bogotá, Kimpres,2003, p.82 - En Walter Albrecht Lorenzini, El problema del mal en San Agustín, p.2 - Cf. https://es.slideshare.net/Peregrinante/el-problema-del-mal-en-san-agustn]

8)- El Pecado Original luego del cual recién aparecería el Mal físico y el Mal moral.

9)- C.S.Lewis (El problema del Dolor - HarperCollins Español, 2014)

10)- Intelecto, espíritu, inteligencia en la filosofía griega.

11)- Aunque sorprenda a algunos, ya en la Grecia antigua podemos hallar la teoría atómica en versión embrionaria.

12)- Schmitt, Carl El Concepto de lo Político  Cf. Lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com (https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpMGlMUHplWFFSR3c/edit)

13)- Joseph Fouché (1759-1820) - Ministro de la Policía de Napoleón durante los períodos 1799-1802 y 1804-1811.

14)- Cf. János Kékes, "Enfrentar el Mal", www.lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com, 2014.
 https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpMFh5T0pqODRNZTQ/edit

15)- Denes Martos,
"El Camino y las Virtudes"
https://denesmartos.blogspot.com.ar/2017/10/el-camino-y-las-virtudes.html
"Las Nueve Nobles Virtudes"
https://denesmartos.blogspot.com.ar/p/blog-page.html