domingo, 19 de noviembre de 2017

¿GUERRA O TRAGICOMEDIA NUCLEAR?

Dios creó la guerra
para que los norteamericanos
puedan aprender geografía.
Mark Twain

Solo los muertos han visto
el final de la guerra
Platon

Hubo momentos en que la cosa pareció una de esas típicas peleas que se armaban cuando éramos (muy) chicos y en la canchita de fútbol los gallitos de las dos patotitas opuestas amenazaban con agarrarse a las trompadas por un penal discutible o una patada medio dura: "¡Salí de ahí, gordo puto!" - "¡Sacame si sos macho!" - "¡Vení que te muestro lo macho que soy!" - "¡Qué vas a mostrar, cagón, si no tenés con qué!".... y etcétera, etcétera, etcétera, hasta que la cosa terminaba, o bien en una trifulca generalizada, o bien en una de cascotazos, o bien los insultos seguían y al final no pasaba nada fuera de ese eterno recurso del "agarrame que lo mato".

La diferencia es que nosotros en ese momento teníamos cosa de 10 a 12 años, como mucho, y tanto Donald Trump (71) como Kim Jong-un (34) ya son bastante grandecitos como para andar con esas chiquilinadas. Sin embargo, parecería ser que la edad biológica de algunos supuestos líderes políticos no correlaciona demasiado bien con su edad mental.


En respuesta a un discurso de Trump pronunciado en Corea del Sur a principios de Noviembre, Kim le ordenó a su ministro de Relaciones Exteriores que diga: "Comentarios atolondrados de un viejo lunático como Trump nunca nos amedrentarán ni frenarán nuestro avance". [1] A lo cual, ni corto ni perezoso, Trump se mandó en Twitter con: "¿Por qué Kim Jong-un me insultaría llamándome 'viejo' cuando yo NUNCA lo llamaría 'petiso y gordo' ?"  [2] Con lo cual es obvio que a Trump le disgustó lo de "viejo" pero se bancó lo de "lunático" sin chistar. En fin .... cada uno es dueño de elegir el insulto al cual quiere contestar; pero no debería olvidar que el que calla, otorga.

La cosa no rebasaría los límites de lo tragicómico si no fuera por el hecho que estos dos insignes caballeros están jugando con fuego. Desde luego aclaro que no necesariamente es para tomarlo a la tremenda porque ninguno de los dos personajes es tan libre e independiente como parece. Pero cuando se trata de una competencia entre dos ególatras más o menos emocionalmente inestables -- sobre todo si están impulsados por unos bastante mal disimulados complejos de inferioridad -- los resultados pueden ser sumamente impredecibles.

Eso es lo que comienza a preocupar a algunos militares y a varios legisladores demócratas norteamericanos que nunca consiguieron tragarse el sapo que significó la derrota electoral de Hillary Clinton. Y, seamos justos, unos cuantos republicanos tampoco han conseguido deglutir todavía el sapo que les significó el triunfo de un patotero advenedizo como Donald Trump. Aun cuando el patotero surgiese de sus propias filas, ningún republicano con experiencia política esperaba sinceramente que Trump iría a ganar. Nadie consiguió prever (y me incluyo, como mis lectores recordarán) que el elector norteamericano, a pesar del enorme montón de dinero inyectado en la campaña de Hillary, terminaría votando como votó.

Seguramente fue a raíz de esta preocupación que el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano se reunió el martes 14 de Noviembre pasado para analizar la situación y escuchar la opinión de varias personas que están al tanto de los procedimientos instituidos para el empleo de las armas nucleares durante un conflicto bélico. Fue la primer audiencia para tratar la autoridad nuclear del presidente norteamericano en más de cuatro décadas. El resultado, en parte contradictorio, fue bastante frustrante.

El general retirado Robert Kehler, jefe del Comando Estratégico norteamericano entre 2011 y 2013,  intentó poner algo de paños fríos sobre la inquietud declarando que las FF.AA. norteamericanas están obligadas a cumplir las órdenes legales pero no las ilegales, puntualizando que "los principios legales de necesidad militar, diferenciación y proporcionalidad se aplican también al empleo de las armas nucleares." [3] Lo cual implicaba que el Comando Estratégico podría controlar las fuerzas nucleares en caso de guerra. Más aún: ante la pregunta del senador Ben Cardin sobre si eso significaba que el Comando Estratégico podía negarse a cumplir la orden presidencial si ésta no cumplía con los requisitos de proporcionalidad y legalidad, Kehler respondió afirmativamente.

El problema de lo señalado por Kehler es que es cierto, pero hasta por ahí nomás. ¿Qué es una orden "proporcional y legal"? Si el presidente de los Estados Unidos decide disparar armas nucleares, incluso de forma preventiva, y la decisión no es MUY manifiestamente una locura, la orden ES legal y lo de la "proporcionalidad" podría llegar a discutirse hasta el día del Juicio Final.

De hecho, LEGALMENTE no hay nadie que pueda impedir el lanzamiento. No lo puede hacer el Congreso, tampoco el Secretario de Defensa. Tampoco los militares que deben ejecutar la orden. El vicepresidente Dick Cheeney lo explicó claramente en Diciembre de 2008. El presidente de los Estados Unidos "...podría lanzar una clase de ataque devastador nunca antes visto. No necesita la autorización de nadie. No necesita llamar al Congreso. No necesita la autorización del Poder Judicial." [4]

Y la capacidad de control por parte el Comando Estratégico mencionada por el general Kehler es muy escasa si es que, en el marco de sus atributos normales, existe en absoluto. Según el testimonio de Bruce Blair, un ex oficial de lanzamientos de misiles, "... aun si un general de cuatro estrellas, comandante de fuerzas nucleares, creyera que una orden de lanzamiento presidencial es ilegal, no podría detenerla porque la orden le llega a él y simultáneamente también a los equipos de lanzamiento sobre el terreno. Ese comandante podría intentar anular la orden presidencial enviando una contraorden de finalización del lanzamiento. Pero sería demasiado tarde." [5]


Es que el sistema, por necesidad lógica, está diseñado para la rapidez, no para el debate. Los misiles de largo alcance de Rusia disparados desde tierra firme pueden llegar a los EE.UU. en unos 30 minutos. Disparados desde un submarino más cerca de las costas norteamericanas tardarían la mitad de ese tiempo. Descontando los pasos puramente administrativos, el presidente norteamericano tendría menos de 10 minutos para analizar la información disponible, considerar sus opciones y tomar su decisión. [6] Una vez emitida, no hay forma de revertir una orden presidencial. Tampoco se pueden recuperar los misiles una vez lanzados.

Tomando un poco de distancia del tema puntual del control de las armas nucleares, lo que más se destaca en el análisis es la constante, prácticamente ininterrumpida, dura y hasta agresiva campaña de desprestigio con que el propio establishment norteamericano insiste en atacar a Trump. El hombre no será un maestro en el arte de la sutileza; tampoco un gran diplomático y menos todavía una persona sabia, tranquila, razonable y equilibrada. A decir verdad, tiene el típico carácter del fanfarrón norteamericano siempre dispuesto a hacerse respetar a las patadas, a las trompadas o incluso a los tiros. Todo eso es muy cierto, pero no es -- no puede ser -- tan estúpido como algunos de sus propios compatriotas lo quieren hacer aparecer. Si lo fuese, jamás habría ganado los -- literalmente -- miles de millones que ganó y nunca habría llegado a tener la fortuna que tiene. [7]  El tipo podrá ser insoportable y hasta ridículo en cierto sentido. Pero no es ningún idiota.

Lo que sucede es que está en un lugar que no estaba previsto para él y está haciendo (o al menos intentando hacer) cosas que no figuraban en el libreto original. Como señalábamos al principio, el lugar estaba reservado para Hillary Clinton y el libreto incluía sostenimiento de la alianza con Israel, profundización de la participación en los conflictos de Medio Oriente con miras a doblegar a Irán, distanciamiento de Moscú y generación de tensiones controladas para mantener a raya a China.

De este libreto, Trump -- precisamente porque no es tonto y está (literalmente) familiarizado con el lugar de donde sopla el viento del poder -- ha cumplido con el mantenimiento de las "relaciones carnales" de los EE.UU. con Israel. No ha terminado con la participación en los conflictos de Medio Oriente, pero convengamos en que la ofensiva anti-ISIS, si bien razonablemente exitosa, descansa más sobre las espaldas del ejército iraquí que en el involucramiento directo de tropas norteamericanas en situaciones de riesgo siendo que, además, por lo menos de la mitad de esa lucha se encargan los rusos que hacen algo muy similar con las tropas sirias de Bashar Al-Assad. Con lo cual se explica bastante bien que Trump no quiera tocar sus tambores de guerra ante Putin y tampoco quiera involucrarse demasiado en ofensivas contra Irán y Paquistán, países cuyos lazos con los chinos están en un fortalecimiento constante.

Mirándolo desde la estructura del Poder Real que gobierna a los EE.UU. Trump no está haciendo bien los deberes. Ese Poder Real necesita el dominio pleno de Medio Oriente, necesita meter una cuña entre Rusia y China y necesita, sobre todo, recuperar las posiciones de poder que Xi Jinping y Vladimir Putin le han ido esmerilando durante los últimos años. De otro modo, se acabó el mundo unipolar con hegemonía norteamericana surgido después del colapso soviético y volverá a aparecer un mundo bipolar, o tripolar y hasta multipolar si el proceso se descontrola.

Ante esto ¿qué puede hacer el Poder Real que opera desde los EE.UU.? La idea -- o quizás sería más correcto decir: el deseo -- del establishment es tratar de deshacerse de Trump lo más rápido posible. Sí, pero no es tan fácil. Se le podría dar el mismo "tratamiento" que le dieron a Abraham Lincoln, James A. Garfield, William, McKinley y John F. Kennedy pero ese proverbial "loco solitario" que siempre se encargó de matar a ciertos presidentes norteamericanos particularmente urticantes no se consigue en cualquier supermercado. Hay un montón de ellos sueltos por la calle disparándole a cualquier cosa, desde públicos de recitales de música hasta alumnos de escuelas y universidades. Pero una cosa es que existan y otra muy distinta es "orientarlos" a matar a un presidente sin que los "orientadores" dejen estampadas sus huellas digitales. Como alternativa, se le podría dar el tratamiento que le dieron a Nixon, pero armar un Watergate tampoco se hace de la noche a la mañana, sobre todo si Trump no comete un error que justifique un impeachment. Sí. Decididamente, no es fácil. Aunque más no sea porque algunos de estos métodos utilizados en el pasado ya no resultarían demasiado creíbles.

Una idea pudo haber sido darle algo de soga a Kim Jong-un para que lance un par de provocaciones especulando con que, si Trump no contesta, los medios podrían dado el caso etiquetarlo de cobarde (y no hay peor insulto para un fanfarrón norteamericano que el ser llamado "cobarde"). Porque, si no quiere pasar por cobarde, Trump tendría que ordenar un ataque y allí se abriría la opción de la desobediencia analizada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado -- que no por casualidad se reunió justamente para considerarla.


Solo que esa "desobediencia debida" tendría que estar muy bien preparada de antemano ya que una orden presidencial de esa clase, como hemos visto, con el actual procedimiento no se puede desobedecer ni revertir. Existe (en teoría) la alternativa de cambiar el procedimiento por ley pero difícilmente se opte por ese camino. Por un lado, los legisladores demócratas saben que, si cambian la legislación para atarle las manos a Trump, inevitablemente también le atarán las manos al próximo presidente. Por el otro lado los republicanos no estarán muy contentos con Trump pero tampoco dejan de hacer el mismo cálculo. Y mucho menos la limitación de la facultad de pulsar el botón nuclear le agradaría el Poder Real. Bob Corker, republicano, presidente del mencionado Comité del Senado lo ha dicho bien clarito: "No veo una solución legislativa actualmente." [8] 

¿Qué opción se podría considerar entonces?

Asómbrense ustedes: si en este contexto hubiera que frenarlo violentamente a Donald Trump, el modo más expeditivo sería un golpe de estado al más auténtico estilo sudamericano llevado a cabo por unas fuerzas armadas sublevadas cuyos mandos superiores e intermedios se negarían a cumplir una orden presidencial relativa a un ataque nuclear.

Lo realmente irónico sería que, para asesorarse debidamente sobre cómo se hace una cosa así, a los yanquis se les ocurriese pedir asesoramiento a algunos militares argentinos. Porque, lamentablemente para ellos, los verdaderos expertos argentinos, especialistas en golpes militares bendecidos por el Departamento de Estado -- Lonardi, Aramburu, Rojas, Onganía, Lanusse, Videla et all --   están todos muertos. Los muchachos del Pentágono no tendrían más remedio que solicitar el consejo de algún militar africano, como, por ejemplo, el general Constantin Chiwenga de Zimbabwe.

¿Un golpe militar "a la sudamericana" en los Estados Unidos? ¿Es serio esto? ¿Es probable? ¿Es posible?

Vayamos por partes. No. No es serio. Si vamos al caso, tampoco creo que sea demasiado probable. Ahora, en cuanto a que si es posible... considerando la estupidez, la irracionalidad y la histeria generalizada que parecen haberse apoderado del mundo actual, uno estaría tentado de decir que cualquier cosa es posible. Incluso -- y quizás hasta especialmente -- en los EE.UU. en donde la última moda parecería ser la de jugar a los jueguitos electrónicos pero con armas de verdad y víctimas de verdad.

Además, uno también  está tentado de preguntar: ¿por qué lo toleramos? Aunque ésa no sería la pregunta adecuada. La pregunta correcta sería: ¿por qué no podemos impedirlo? La conducción de los asuntos públicos en muchos países está mayoritariamente en manos de unos cretinos corruptos, incapaces, paranoicos, codiciosos, amorales o neuróticos. Varios de ellos sacrificarían sin el menor remordimiento a la mitad de la humanidad con tal de salvar su posición de poder y la de la minoría a la que pertenecen.

Y, si decidieran hacerlo, ¿cómo haríamos para impedirlo?

Por ahora todo esto más parece un sainete que un drama. Pero lo que le quita gracia al sainete es el hecho que en cualquier momento puede convertirse en tragedia.

Por desgracia, si nadie hace nada, eso es exactamente lo que tarde o temprano va a suceder.



-------------------------------------------
NOTAS
1)- Los Angeles Times: http://www.latimes.com/politics/la-pol-updates-everything-president-trump-taunts-kim-jong-un-on-twitter-i-1510450639-htmlstory.html
2)- The Washington Post: https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/11/11/north-korean-insults-to-u-s-leaders-are-nothing-new-but-trumps-deeply-personal-reactions-are/?utm_term=.856a0e7f72fb
3)- Independent: http://www.independent.co.uk/news/world/americas/donald-trump-north-korea-crisis-nuclear-weapons-us-military-duty-refuse-illegal-instructions-war-a8055991.html?S2ref=696322
4)- Independent, Ibid.
5)- Independent, Ibid.
6)- Amy Woolf, especialista en armas nucleares, Informe al Servicio de Investigación del Congreso (Congressional Research Service)  Diciembre 2016. 
7)- Donal Trump es el primer presidente bi-llonario de los EE.UU. Forbes calcula su fortuna en 3,1 billones de dólares. (U$S 3.100 millones)  https://www.forbes.com/profile/donald-trump/
8)- The Washington Post. Ibid.





3 comentarios:

  1. Gran artículo. Disfruto mucho su estilo literario.

    ResponderEliminar
  2. Me parece un artículo muy interesante y muy bien redactado

    ResponderEliminar